3. Tiempos de cambio

[Sobre el momento preciso en que se deja de ser niño y se pasa a ser adulto]

19 / 11 / 2010

Cuando tenía 16 años pasé por una época difícil. Un día, tras una fuerte discusión con mi padre, cogí la puerta y me fui de casa. Estuve cerca de dos semanas vagabundeando allá donde encontré cobijo, durmiendo en casa de amigos, familiares e incluso en la calle. Al cabo de diez días volví a casa, donde me recibieron con los brazos abiertos y donde, poco a poco, se restableció la relación que por entonces se había quebrado.

Esto es muy personal, lo sé, pero ¿de qué otra forma podemos escribir sobre lo que pensamos y vivimos si no es desde la propia experiencia? ¿Para qué esconderlo entonces si solo contando eso seré capaz de transmitir lo que quiero contar hoy?

Esta noche he vivido un acontecimiento único. Si os dijera que he asistido como invitado a una barbacoa pensarías que estoy loco. ¿Qué tiene eso de novedad? Pero algo que puede parecer tan nimio como eso puede en realidad ser un momento muy especial si las circunstancias y las personas así lo merecen. Y así ha sido hoy. Pero, como de costumbre en mis escritos, me adelanto en mis conclusiones. Permítaseme que alegue en mi defensa.

Alrededor del fuego que calentaba nuestros congelados cuerpos de esta noche de luna llena estaban cerca de treinta jóvenes de entre 15 y 20 años. Treinta jóvenes etíopes, huérfanos y enfermos de sida. Yo, el chico normal, blanco, rico y con salud, era en realidad el raro de la reunión, el diferente, el Otro.

Se vivía un momento muy especial. Al día siguiente la mitad de esos chicos abandonarían para siempre el orfanato en el que habían crecido, así que se había organizado una cena de despedida. Estos chicos fueron un día abandonados a su suerte y alguien los recogió de la nada. Se les dio medicinas, comida, alojamiento, educación… y ahora, en los albores de la juventud, había llegado la hora de abandonar este confortable cascaron de huevo y enfrentarse al reto de la vida, en sus condiciones, que no son nada fáciles.

Y por casualidades o azares de la vida, yo estaba con ellos el día previo a la mudanza. Así que cuando se cerró la noche y yo ya me dirigía a mis aposentos, una voz entre la multitud se alzó y me dijo: “Sube con nosotros, hoy es un día especial”. Por supuesto, rechacé de inmediato la oferta, no queriendo invadir la intimidad de este momento único que iban a vivir. Pero, la hospitalidad de la que carecemos en otras partes del mundo aquí se hizo presente una vez más, y estos chicos insistieron una y otra vez hasta que por fin consiguieron tenerme como uno más, sentado alrededor del fuego, disfrutando de la comida, la música y algún que otro simple pero solemne fuego de artificio.

El shock se produjo al terminar la cena, antes de despedirme, cuando entré en su habitación para ver cómo llevaban los preparativos. Sus maletas estaban todas apunto. Al día siguiente, esos niños dejarían de ser niños para siempre. Se iban a enfrentar a una realidad totalmente diferente a la que había conocido hasta ahora. Y me surgían las preguntas: ¿Qué había dentro de esas maletas? ¿Qué posesiones tiene una persona que ha pasado su vida entre estas cuatro paredes? ¿Qué se lleva a su nuevo hogar? ¿Qué deja atrás? Demasiados interrogantes sin resolver para uno como yo que se queda perplejo viendo con timidez y sin saber muy bien qué decir o hacer mientras ve cómo apilan sus últimas pertenencias y dejan en armarios y cajones otras que ya nunca más volverán a usar. Y ante todo, un pensamiento, una visión: silencio, soledad. ¿Qué son estos niños? ¿Son amigos? ¿Son hermanos? ¿Quién los ayuda con los últimos detalles? ¿Quién los despide? A pesar de las monjas, los otros huérfanos, los trabajadores… ¿Quién les dice: “Suerte en tu nueva andadura”? El pensamiento se hace cada vez más crudo: ¿Cuánto hubieran dado estos niños por tener unos padres que les dijesen en este momento: “adiós, hijo”?

Yo los tuve, y una vez, con 16 años, les di con la puerta en las narices.

Ahora mismo no soy capaz de hilar los pensamientos, pero hay uno que cobra forma poco a poco y se hace cada vez más claro y visible. Es un sentimiento de vergüenza y de desconcierto, no tanto por los errores que haya podido cometer en mi vida (pues creo que la vida no es más que eso, un ensayo donde los errores están permitidos), sino por el interrogante de por qué yo estoy a un lado de la ralla y ellos están al otro. ¿Quién tiró los dados del azar en este juego de la vida y decidió que yo debía ser el rico, saludable y acomodado occidental y ellos los pobres, enfermos y huérfanos del Sur?

Puede que estuviésemos alrededor del mismo fuego, que yo intentase parecer uno más hablando con ellos en lo poco que sé de su idioma, comiendo su misma comida e intentando adoptar sus maneras, pero lo cierto es que entre ellos y yo había una diferencia abismal, y por desgracia no soy capaz de comprender el porqué. No acierto a entender quién diseñó esta desigualdad, por qué lo hizo así, y en todo caso si hay una posible escapatoria, si hay una solución en nuestra mano para este callejón sin salida que esta noche me ha impedido conciliar el sueño y me ha obligado a hacerlo público y compartirlo con vosotros en este espacio.

4 pensamientos en “3. Tiempos de cambio

  1. Increíble, me ha encantado Gonzalo. No sabíamos que segíamos escribiendo y ahora estamos todos en el salón leyendo esto. Sigue contándonos ¿vale? Un beso de todos y ánimo “hombre de fuerzas”

  2. Hermano Gonzalo, ten en cuenta que “África es África porque Europa (y EEUU) quiere”. Es una de mis grandes conclusiones cuando estuve en Burkina. Algún día la podemos debatir si quieres.

  3. vaya… se me han puesto los pelos de punta…
    es muy facil imaginarse lo que la gente mas desfavorecida vive, pero creo que no podemos entenderlo hasta que no lo vivimos con ellos. y aun asi, como tu dices, no somos mas que meros expectadores.
    gracias por recordarme la suerte que tengo.

  4. I am really enjoying reading your blog. This reminded me of the 6 weeks I spent last summer in this orphanage. It was a wonderful experience, which will surely help me mature and face more difficult challenges. The questions, things and experiences you mentioned were all felt during that time and I am still feeling them now that 6 months have passed.

    Hope to meet up one day in that place… hopefully in near near near future

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